EL ÁRBOL Y LAS VERDURAS

Había una vez un precioso huerto sobre el que se levantaba un frondoso árbol. Ambos daban a aquel lugar un aspecto precioso y eran el orgullo de su dueño. Lo que no sabía nadie era que las verduras del huerto y el árbol se llevaban fatal.hqdefault

Las verduras no soportaban que la sombra del árbol les dejara la luz justa para crecer, y el árbol estaba harto de que las verduras se bebieran casi todo el agua antes de llegar a él, dejándole la justa para vivir.

La situación llegó a tal extremo, que las verduras se hartaron y decidieron absorber toda el agua para secar el árbol,  a lo que el árbol respondió dejando de dar sombra para que el sol directo de todo el día resecara las verduras.

En muy poco tiempo, las verduras estaban esmirriadas, y el árbol comenzaba a tener las ramas secas.
Ninguno de ellos contaba con que el granjero, viendo que toda la huerta se había echado a perder, decidiera dejar de regarla. Y entonces tanto las verduras como el árbol supieron lo que era la sed de verdad y estar destinados a secarse…

Ahora te toca a ti terminar la historia.

LA BRUJITA DULCE

brujita_dulceHabía una vez una brujita muy especial, quería ser una brujita buena, pero no tenía ni idea de cómo serlo. Desde pequeñita había aguantado las regañinas de las brujas, que le decían que tenía que ser mala como todas, y había sufrido mucho porque no quería serlo.
Un día se enteró de que las brujas viejas planeaban hechizar una gran montaña y convertirla en volcán para arrasar un pequeño pueblo. La brujita buena pensó en evitar aquella maldad, pero no sabía cómo y en cuanto se acercó al pueblo tratando de avisar a la gente, todos se echaron a la calle y la ahuyentaron tirando piedras al grito de“¡¡largo de aquí, bruja!!”.
Al poco llegaron unos niños, que al verla llorar trataron de consolarla. Ella les contó que quería ser una bruja buena, pero que no sabía cómo serlo, y que todo el mundo la trataba mal. Entonces los niños le contaron que ser bueno era muy fácil, que lo único que había que hacer era ayudar a los demás y hacer cosas por ellos.
La brujita, animada, volvió a su cueva dispuesta a ayudar a todo el mundo, pero cuando iba de camino encontró a las brujas viejas hechizando la montaña, que ya se había convertido en un enorme volcán y empezaba a escupir fuego. Quería evitarlo, pero no sabía cómo, y entonces le vinieron a la cabeza un montón de ideas…

Ahora te toca a ti terminar la historia.

La brujita decidió que su mejor idea seria coger el libro de una de esas viejas brujas y así lo hizo después volvió a convertir los volcanes en montañas , y la lava desapareció. y desde ese día todos le trataron muy bien.

FIN

Versión final de: EL pueblo protegido por el bosque

Había una vez un pequeño poblado separado del mar y sus grandes acantilados por un bosque. Aquel bosque era la mejor defensa del pueblo contra las tormentas y las furias del mar, tan feroces en toda la comarca, que sólo allí era posible vivir. Pero el bosque estaba constantemente en peligro, pues un pequeño grupo de seres malvados acudía cada noche a cortar algunos de aquellos fuertes árboles. Los habitantes del poblado nada podían hacer para impedir aquella tala, así que se veían obligados a plantar constantemente nuevos árboles que pudieran sustituir a los que habían sido cortados.

Durante generaciones aquella fue la vida de los plantadores de árboles. Los padres enseñaban a los hijos y éstos, desde muy pequeños, dedicaban cada rato de tiempo libre a plantar nuevos árboles. Cada familia era responsable de repoblar una zona señalada, y el fallo de una cualquiera de las familias hubiera llevado a la comunidad al desastre.images
Por supuesto, la gran mayoría de los árboles plantados se echaba a perder por mil variadas razones, y sólo unos pocos llegaban a crecer totalmente, pero eran tantos y tantos los que plantaban que conseguían mantener el tamaño de su bosque protector, a pesar de las grandes tormentas y de las crueles talas de los malvados.

Pero entonces, ocurrió una desgracia. Una de aquellas familias no tuvo ningún hijo y con el paso del tiempo la familia desapareció y su zona del bosque comenzó a perder árboles…

esto fue un gran disgusto para todos los ciudadanos ya que con menos gente menos árboles. Decidieron tomar una rápida decisión. Pensaron en ir al pueblo más cercano y traer gente, para ayudar a plantarlos. Rápidamente los vecinos del pueblo más cercano se animaron a ayudarles. Sólo así consiguieron su propósito y de nuevo hubieron árboles.

FIN

Adaptación de  MAR VIDAL

El pueblo protegido por el bosque

Había una vez un pequeño poblado separado del mar y sus grandes acantilados por un bosque. Aquel bosque era la mejor defensa del pueblo contra las tormentas y las furias del mar, tan feroces en toda la comarca, que sólo allí era posible vivir. Pero el bosque estaba constantemente en peligro, pues un pequeño grupo de seres malvados acudía cada noche a cortar algunos de aquellos fuertes árboles. Los habitantes del poblado nada podían hacer para impedir aquella tala, así que se veían obligados a plantar constantemente nuevos árboles que pudieran sustituir a los que habían sido cortados.

Durante generaciones aquella fue la vida de los plantadores de árboles. Los padres enseñaban a los hijos y éstos, desde muy pequeños, dedicaban cada rato de tiempo libre a plantar nuevos árboles. Cada familia era responsable de repoblar una zona señalada, y el fallo de una cualquiera de las familias hubiera llevado a la comunidad al desastre.
Por supuesto, la gran mayoría de los árboles plantados se echaba a perder por mil variadas razones, y sólo unos pocos llegaban a crecer totalmente, pero eran tantos y tantos los que plantaban que conseguían mantener el tamaño de su bosque protector, a pesar de las grandes tormentas y de las crueles talas de los malvados.

Pero entonces, ocurrió una desgracia. Una de aquellas familias no tuvo ningún hijo y con el paso del tiempo la familia desapareció y su zona del bosque comenzó a perder árboles.

……..

Ahora acaba tú la historia en la zona de comentarios.

La mamá de María

María tenía un pequeño problema.

– “Si me siento debajo de la escalera y pienso, lo puedo resolver en un ratito”.
Se acomodó debajo de la escalera que daba al jardín y pensó un ratito y otro más. Entonces se dio cuenta de que cuanto más pensaba, más grande se hacía el problema.

Se trataba de hacerle un regalo de cumpleaños a su mamá. Quería hacerle un regalo bonito y muy alegre, que la pusiera contentísima. Eso no era problema porque a su mamá le encantaban las cosas que a María se le ocurrían y, además, ya sabía que si se usaba un poco de pintura amarilla y otro poco de rojo y de verde, su mamá diría: “¡Qué alegre es!”

A lo mejor necesitaba comprar algunas cosas, pero eso tampoco era el problema porque había ahorrado la paga de los domingos durante tres semanas.

Pensó en los últimos regalos que le había hecho a su mamá:

Por Navidad le tejió una bufanda larga, larga, larga con rayas de todos los colores que su mamá no se quitó en dos semanas, pero una mañana en que salió el sol, se la quitó y la perdió.

El día de su santo le hizo un llavero rojo. Carmina, su mejor amiga, le enseñó a hacer los moldes. Hizo una “A” muy grande (el nombre de su mamá empieza con A).

A su mamá le encantó. “Así ya no voy a perder las llaves”, dijo, y las puso en el llavero nuevo. Se fueron al parque a andar en bicicleta y cuando regresaron tuvieron que llamar al cerrajero para abrir la puerta porque se habían perdido las llaves, con llavero y todo.

Y es que éste era el problema, su mamá perdía todo:

Perdía las llaves, perdía el cesto de la compra cuando iba al mercado, perdía pendientes, papeles importantes y papeles insignificantes, la tapa de la pasta de dientes, su anillo de bodas, las hombreras de su suéter favorito y, una vez, hasta perdió una cebolla cuando estaba cocinando.

Lo peor de todo era que cuando su mamá perdía esas cosas, también perdía otras más importantes: el tiempo, la paciencia y el buen humor.

El problema de María era encontrar un regalo bonito, alegre, divertido, barato y que …

Ahora te toca a tí terminar esta historia.

Versión final de: Un teléfono móvil llamado Mobilete

Había una vez, un teléfono móvil, llamado Mobilete, que había pasado toda su vida junto a un chico llamado Pedro.

Pero llegó un día, en que Pedro quiso cambiar de teléfono porque Mobilete ya no estaba a la última moda.

Habían salido al mercado los nuevos teléfonos móviles inteligentes, y Pedro quería ahora uno de esos. Así que fue a la tienda y se compró un teléfono móvil nuevo.

Cuando Pedro llegó a su casa, rápidamente abrió el envoltorio de su nuevo teléfono, y apartó bruscamente con la mano a Mobilete, que cayó directamente a la papelera de la habitación de Pedro.

Mientras Pedro abría su nuevo móvil, oyó unos suaves llantos que provenían de la papelera y …

riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing,riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing Pedro fue a mirar en la papelera. Estaba extrañado porque lo haba tirado a la papelera ¡le estaba llamando una chica!, Pedro lo cogió de la papelera pero no contestó. Lo cogió porque se lo iba a regalar a un amigo que el conocía. El amigo de Pedro le dijo ¡muchas gracias! por el movil. Pedro se fue a su casa muy contento porque habia regalado un móvil. También estaba contento porque tenía un móvil nuevo con el que podía jugar con los juegos que tenía el móvil.Pedro, de tanto jugar siempre ganaba en los juegos del móvil.

Fin.

Adaptación de Mar.

Un teléfono móvil llamado Mobilete

Había una vez, un teléfono móvil, llamado Mobilete, que había pasado toda su vida junto a un chico llamado Pedro.

Pero llegó un día, en que Pedro quiso cambiar de teléfono porque Mobilete ya no estaba a la última moda.

Habían salido al mercado los nuevos teléfonos móviles inteligentes, y Pedro quería ahora uno de esos. Así que fue a la tienda y se compró un teléfono móvil nuevo.

Cuando Pedro llegó a su casa, rápidamente abrió el envoltorio de su nuevo teléfono, y apartó bruscamente con la mano a Mobilete, que cayó directamente a la papelera de la habitación de Pedro.

Mientras Pedro abría su nuevo móvil, oyó unos suaves llantos que provenían de la papelera y …

            Ahora invéntate tú un final para este cuento.

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